Los estilos del vino.

Una práctica y sencilla guía que le permitirá clasificar fácilmente los vinos que prueba, identificándolos con un estilo correspondiente, para seguir avanzando en el camino de la cultura del vino.

Para comenzar a transitar el largo y atrapante camino de la cultura del vino es indicado comenzar con un pequeño experimento. La prueba consiste simplemente en comparar dos vinos de la misma variedad de uva, Malbec, por ejemplo, uno con crianza en madera y el otro no. Incluso se puede realizar la experiencia con vinos de la misma variedad, elaborados por el mismo enólogo, en la misma bodega, con uvas provenientes de la misma región. Rápidamente podrá descubrir las apreciables diferencias entre uno y otro. Descubrir y conocer estas diferencias es un elemento fundamental si Ud. quiere convertirse en un “conocedor”. Y atención que ser un conocedor de vinos no hace referencia a descubrir que uno tiene aroma a cassis patagónico maduro y en cambio en el otro predominan las notas a frutillas frescas bañadas en salsa de chocolate. Hay que desestimar este tipo de descripciones por poco útiles y poder percibir tales complejidades aromáticas no debe convertirse en objetivo. Saber de vino es bastante más simple.

Las diferencias que surgen de la comparación entre ambos vinos se perciben rápidamente en el color, ya que uno es más oscuro que el otro, el aroma en uno es más fresco y frutal, mientras que en el otro las notas aromáticas son más tibias y complejas. En boca uno es liviano y “fácil de tomar” y el otro es más corpulento, de sabor más complejo y hasta con cierta aspereza.  A simple vista podemos estimar que la causa de estas diferencias se deben a que uno es un malbec joven y el otro ha desarrollado un proceso de crianza en barricas de roble.  Y entonces surge la pregunta, por qué algunos vinos se crían en roble y otros no? Cuestión de gusto simplemente o hay factores más complejos? Ya podremos responder todas estas preguntas. Por ahora simplemente será necesario comprender que hay distintos estilos de vino, como existen distintos estilos de coches, mujeres, hombres, vestimentas, relojes, etc.

Ensayando una clasificación.

Si somos rigurosos, estilos de vinos hay muchos y sería complicado desglosar aquí una clasificación perfecta. Necesitamos una clasificación de estilos que sea sencilla, didáctica y fácil de recordar. En síntesis que para Ud. sea útil. Habiendo echo la aclaración, podemos dividir los estilos del vino como sigue:

Blancos livianos

Se trata de los vinos blancos elaborados sin crianza en madera, en los cuales el enólogo busca resaltar la frescura y la fruta propias de la uva. Su elaboración es relativamente sencilla y el objetivo es el consumo rápido (que no quiere decir que se debe tomar la botella en 15 minutos, sino que en el lapso de un año aproximadamente desde que la bodega lo lanza al mercado debería consumirse). Presentan un color amarillo claro y brillante, muchas veces con reflejos verdosos, su aroma es fresco y frutal, sin demasiada complejidad y en boca debe prevalecer su frescura y liviandad. Habitualmente son de trago fácil y no deben guardarse, ya que no mejoran con el tiempo. Son recomendados para acompañar varias preparaciones de mariscos y peces o simplemente como aperitivo. Ideales para las calurosas jornadas estivales. La mayoría de las variedades blancas se pueden elaborar sin problema de esta manera. Deben servirse frescos. Y fresco es fresco no helado!!! El frío excesivo apaga las cualidades del vino y sus aromas y sabor pasan desapercibidos. Si se lo sirven helado, desconfíe. El frío también aplaca los defectos y quizás le hagan pasar gato por liebre. La temperatura debe ser entre 10 y 12 ° C.

Blancos con cuerpo.

En este caso se trata de blancos más complejos y corpulentos, debido a que han tenido su paso por madera de roble. Simplemente se  pueden haber criado algunos meses en barricas de roble o, en algunos casos, haber realizado el proceso de fermentación en barricas. Son vinos de color un poco más oscuro, muchas veces con tonalidades doradas. Su aroma es más tibio. Se percibe la fruta de la variedad, pero aparecen notas muy agradables aportadas por la crianza en roble, como la manteca, la vainilla, el pan tostado, la miel, etc. En boca son más corpulentos y su sabor es más complejo, percibiéndose en la mayoría de los casos el aporte de la madera. Su aplicación gastronómica es bastante amplia y vale la pena ensayar al respecto. Son vinos que pueden guardarse por algún tiempo, aunque no es recomendable que este sea excesivo y depende mucho de la fecha en que la bodega lo lanzó al mercado. Como consejo personal le recomiendo que no guarde estos vinos más de un año o dos. Difícilmente mejoren y corre un fuerte riesgo que decaigan en su calidad. Son también excelentes aperitivos. La reina de las variedades elaboradas bajo este estilo es la Chardonnay. En Argentina también podemos encontrar Sauvignon Blanc, Tocai Friulano y Viognier .

Blancos dulces.

Existen dos métodos principales para la elaboración de vinos blancos dulces: uno es la cosecha de uvas sobre maduras, conocida como cosecha tardía; el otro método es el encabezado o fortificación, o sea el agregado de alcohol vínico que detiene la fermentación, dejando azúcar residual de la uva.

Actualmente  los blancos dulces elaborados como cosecha tardía han crecido mucho y presentan un amplio e interesante abanico de elección para el consumidor. Se trata de vinos de excelente calidad y muy atractivos. Generalmente el dorado está más presente en el color, el aroma dulzón es muy tentador y en boca suelen ser exquisitamente aterciopelados, con una sensación melosa que queda en el recuerdo. Ideales para beber solos como aperitivo o acompañando foie gras y postres. Estos se pueden enfriar un poco más sin problema.

En encabezados hay menos ejemplares, pero el segmento está en pleno crecimiento y hay algunos vinos realmente inolvidables.

Tintos livianos.

También denominados tintos jóvenes, se trata básicamente de tintos sin crianza en roble y con poca concentración, frescos y frutados. Su destino es el consumo rápido, acompañando muy bien una importante diversidad de nuestra gastronomía local. Habitualmente presentan un color brillante, transparente, donde la tonalidad predominante es el rubí. Aroma fresco y frutal, sobresaliendo las notas de frutos rojos frescos. En boca deben presentar una buena presencia de fruta, cuerpo liviano, sin asperezas. Vino fáciles de tomar, excelente opción para todos los días. Casi todas las uvas tintas se elaboran de esta forma y en general no son vinos caros, debido a que se obtienen con un proceso más sencillo y permiten la utilización de mayores rendimientos (cantidad de uva obtenida por hectárea de viñedo) de la materia prima. Como todos los tintos, su temperatura de servicio debe ser mayor a la de los blancos, idealmente rondando los 16 – 18° C.  Estos vinos no soportan una guarda muy prolongada.

Tintos con cuerpo.

Son vinos más complejos entre los que podemos encontrar a la mayoría de los grandes tintos argentinos. Requieren en su elaboración un trabajo más importante, desde el viñedo hasta la botella. La mayor parte  es criado en barricas de roble por varios meses, para luego pasar a un tiempo de maduración en botella. Afortunadamente todavía podemos encontrar algunos ejemplares con crianza en toneles grandes de roble.  Generalmente presentan un color más concentrado, llegando en algunos casos a ser sorprendentemente oscuros. Si el vino es bueno puede pasarse horas descubriendo aromas, porque a la fruta propia de la uva, se suman las notas provenientes de su proceso de crianza, apareciendo olores tan curiosos y agradables como chocolate, café, cuero, hongos, madera, mermeladas,  y un largo etc. En boca el cuerpo no pasa desapercibido, son concentrados, carnosos y en algunos casos hasta dan ganas de masticarlo. Sus taninos suelen ser poderosos y si el vino es muy joven aún, aparece notablemente una sensación de aspereza que denominamos astringencia. Son vinos ideales para acompañar platos sabrosos con salsas potentes y una gran variedad de cocina a base de carne. Son además, los vinos para guardar en nuestra bodega personal. Mejoran, se equilibran y se vuelven más complejos con el tiempo de descanso en botella. En cuanto a su precio, parece no tener un límite superior. Sólo las variedades más finas se incluyen en este estilo. En Argentina, las principales son Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah y Merlot. Van apareciendo, sin embargo, otras muy interesantes: Pinot Noir, Cabernet Franc, Bonarda, Petit Verdot, Sangiovese, Tempranillo, etc.

Tintos añejos.

Los tintos añejos son aquellos que originalmente perteneciendo a la categoría tintos con cuerpo, han sido madurados correctamente por varios años en botella y han adquirido características distintas a la original, por lo que es necesario moverlos de clasificación. El tiempo ha suavizado su poderío y le ha brindado mayor armonía y complejidad. Presentan un color que se caracteriza por la presencia de tonalidades teja o amarronadas. En nariz aparece el bouquet, un aroma complejo y sorprendente. La fruta puede haber perdido intensidad, cediendo su lugar a notas más tibias y complejas. En boca es una experiencia muy placentera, nos llena el paladar suavemente, es redondo, aterciopelado. Su final es largo, dejándonos un grato recuerdo. Pueden acompañar una gran variedad de platos y son muy recomendados para alta gastronomía. La maduración puede haber sido realizada por la bodega, por algún negocio minorista (restaurant, vinoteca) o por un particular.

Espumantes.

En esta categoría se incluyen los que habitualmente denominamos champagnes o champañas. Pero legalmente el champagne es la denominación de vinos espumantes elaborados bajo ciertas características y reglamentaciones, que se produce en la zona francesa de la Champagne. La categoría general es espumantes y se trata de vinos con burbujas, adquiridas por un proceso natural, que es la segunda fermentación. Esta segunda fermentación puede ser realizada bajo el método tradicional o champenoise (en botella), o por el método Charmat, más industrial (en tanques). Las categorías en que se clasifican los espumantes deben tratarse en nota aparte.

Rosados.

Los vinos rosados son una categoría de alto crecimiento en los últimos años en Argentina, aunque todavía es muy pequeña comparada con otras categorías. Se trata de vinos elaborados con variedades tintas de vid, que por distintos procesos, adquieren un color más claro y menor concentración general en su estructura. Los métodos más utilizados para la elaboración de rosados son dos: maceración corta, o sea un contacto mínimo entre el mosto (jugo de uva) y sus partes sólidas (que brindan el color); y el proceso habitualmente llamado “sangría”, o sacar líquido a un mosto en maceración, proceso por lo cuál se obtendrá un vino rosado por una parte (el líquido que se sacó) y un vino tinto más estructurado por la otra (el vino al que se le sacó, cambiando la relación líquido sólidos).
Los vinos rosados pueden ser varietales o blends, al igual que los tintos. Deben consumirse frescos, a una temperatura inferior a los tintos (normalmente rondando los 12°C). Son ideales como aperitivos y para acompañar gran cantidad de platos, que incluyen pescados, pastas y carnes.
Carlos Navarro

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Acerca de Carlos Navarro
Carlos Navarro Profesional especialista en bebidas. Degustador profesional. Escritor para medios nacionales e internacionales. Profesor. Consultor. Ha trabajado en la gestión de varias bodegas. Master in Business Administration Master en Economía, Gestión y Marketing del Sector Vitivinícola Lic. en Comercio Internacional. Creador y propietario de cerveza Black Fish.

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