La degustación de vinos más alta del mundo se realizó en San Juan, en el límite con Chile.

El célebre Libro Guinness de los récords tiene todo tipo de marcas. Allí figuran las hazañas de gente cuando menos audaz que, por ejemplo, ha ido más rápido, más fuerte, más lejos y -en el caso que nos compete- más alto que nadie en el mundo. En pleno vuelo hacia San Juan para participar en la I Cata de los Andes, la más alta del planeta, fue imposible no evocar el famoso libro. La idea, además de mostrar el vino como elemento de unión entre los pueblos de la Argentina y Chile, era dejar una marca para el recuerdo al realizar una inédita degustación de vinos de ambos países en la cordillera de los Andes, y nada menos que a 4780 metros, en el paso internacional de Agua Negra.

Una vez instalados en el hotel Termas de Pismanta, vecino al paso fronterizo (a 3000 m, como para ponerse en clima), se hizo la presentación oficial con los organizadores de ambos países, más el aporte del panel de cata. Tras una charla en la que se expusieron los logros y la vital actualidad de la provincia cuyana, se realizó una degustación de vinos -presentados por el español Pascual Ibáñez, fundador de la Asociación de Sommeliers de Chile- maridados con platos a base de mariscos trasandinos y un copioso asado argentino. Pero la principal atracción aguardaba al día siguiente…

El amanecer nos encontró en varias combis, recorriendo un largo y ondulado trayecto ascendente de imponente y serena belleza, en cuyo transcurso los efectos de la altura comenzaron a hacerse sentir. Ya en el paso, bajo un sol radiante que no alcanzaba a atemperar el frío montañés, aguardaba una carpa blanca, escenario de la degustación presentada por Raúl Benítez, ministro de la Producción de San Juan, y Pablo Argandoña Medina, gobernador de Elqui, IV Región de Coquimbo. Allí se paladearon y puntuaron una docena de vinos tintos y blancos originarios de San Juan y del chileno valle de Limarí, donde el Syrah fue el cepaje dominante. La nota destacada de la cata fue la inusitada claridad y potencia del aroma en cada vino, potente y más expresivo que nunca a pesar de la falta de oxígeno. Por este detalle -varios de los asistentes fueron asisitidos- el evento se acortó para no provocar excesivas molestias. El éxito coronó los esfuerzos y los presentes retornaron cansados, pero llenos de entusiasmo por la experiencia y el récord, digno de la Guía Guinness: ¡Hasta el Aconcagua no paramos!

Fuente:

Frank Blumetti
LA NACION Revista

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Acerca de Carlos Navarro
Carlos Navarro Profesional especialista en bebidas. Degustador profesional. Escritor para medios nacionales e internacionales. Profesor. Consultor. Ha trabajado en la gestión de varias bodegas. Master in Business Administration Master en Economía, Gestión y Marketing del Sector Vitivinícola Lic. en Comercio Internacional. Creador y propietario de cerveza Black Fish.

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